
Rosal común (Rosa sp.)
La planta presenta una infestación severa de pulgón verde (Macrosiphum rosae). Estos insectos succionadores de savia se concentran en tejidos tiernos, como brotes y capullos, causando deformaciones y debilidad general. Se identifican como protuberancias verdes o rosadas en el tallo. Su proliferación se ve favorecida por temperaturas suaves y exceso de nitrógeno, que genera brotes suculentos. Además, excretan una melaza pegajosa que puede derivar en la aparición del hongo negrilla.
Limpiar los brotes con un chorro de agua a presión suave o un paño para reducir la población de pulgones.
Pulverizar toda la planta con una solución de jabón potásico al 2%, insistiendo en el envés de las hojas.
Aplicar aceite de Neem tras el jabón potásico para actuar como insecticida sistémico y preventivo.
Cortar las ramas con flores secas y brotes extremadamente dañados para favorecer la recuperación.
Revisar si hay hormigas en la base, ya que estas protegen a los pulgones de sus depredadores naturales.
Inspeccionar los nuevos brotes cada 7 días para detectar cualquier reaparición de la plaga.
2 a 3 veces por semana, manteniendo el sustrato húmedo sin encharcar.
Sol directo, mínimo 6 a 8 horas diarias.
Ideal entre 15°C y 25°C; tolera heladas moderadas.
Rico en materia orgánica, profundo y con excelente drenaje.
Fertilizante específico para rosales cada 15 días en primavera y verano.