
Iberis sempervirens
El carraspique blanco es una planta vivaz de porte bajo muy apreciada en jardinería por su densa y luminosa floración blanca. Sus pequeñas flores de cuatro pétalos se agrupan en racimos terminales que cubren casi por completo el follaje verde oscuro y persistente durante la primavera. Es una excelente opción para rocallas, borduras o como tapizante en macetas, ofreciendo un aspecto de "nube blanca" muy decorativo que atrae a numerosos polinizadores.
Pertenece a la familia Brassicaceae y es originaria de la cuenca mediterránea. Se caracteriza por su crecimiento rastrero y ramificado, formando matas compactas que apenas superan los 25-30 centímetros de altura. Sus hojas son estrechas, coriáceas y de un color verde intenso que se mantiene durante todo el año, lo que justifica su epíteto específico "sempervirens" (siempre verde), manteniendo el interés visual incluso fuera de la época de floración.
Su cultivo es sencillo debido a su gran rusticidad y resistencia tanto al frío intenso como a la sequía moderada una vez establecida. Prefiere exposiciones soleadas y suelos con muy buen drenaje para evitar la pudrición radicular, su principal enemigo. Una poda de mantenimiento justo después de que las flores se marchiten es clave para mantener la forma redondeada y prevenir que el centro de la planta se degrade y pierda follaje.
Moderado, 2 veces/semana; dejar secar superficie del sustrato entre riegos.
Pleno sol, mínimo 6 horas de luz directa al día.
Muy resistente, soporta heladas hasta -15°C y calores veraniegos.
Bien drenado, preferiblemente calizo o neutro; evitar arcillas pesadas.
Fertilizante líquido equilibrado cada 20 días en primavera y verano.
Ejemplos enviados por la comunidad cuando la planta estaba en floración
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